LA LLAVE MAESTRA

Cuando me preguntan que es el Ho ́oponopono, me gusta responder que

es una herramienta y compararla con una llave maestra que puede abrir

cualquier cerradura.

 

Y es que para practicar el Ho ́oponopono no es necesario ser una persona

religiosa, pero si, espiritual.

 

La verdad es que todos nosotros lo somos, así lo aceptemos o no.

 

Somos seres espirituales viviendo una experiencia material.

 

Podemos reconocer este hecho, con sólo reconocer en nosotros el amor que

sentimos, no importa hacia quién o hacia qué, esté dirigido ese amor.

 

Basta que exista un pisca de amor en nosotros, para darnos cuenta que esa

energía es algo superior.

 

No importa a qué clase de amor nos referimos, la semilla, el punto de partida

de ese amor es parte de nuestra verdadera esencia, luego si nuestras

memorias son oscuras y negativas, la dirección que toma esa energía de

amor se ve desviada por la influencia de esas memorias, pero la energía

primigenia se mantiene latente, a la espera de la limpieza de memorias para

que finalmente el amor se manifieste en todo su esplendor.

En toda la creación hay amor; está en cada ser viviente, en cada planta, en

cada estrella, sea lo que sea que exista, lo hace gracias al amor.

 

Lo positivo en nuestra vida es fruto del amor universal, ese amor que no tiene

condicionamientos para prodigarse, el amor universal es como la luz que

reparte el sol en nuestro planeta, no hay ninguna restricción, su luz y su calor

se da por igual al bueno y al equivocado, al hombre y a la bestia, al que cree

y al que no, el sol no se detiene a pensar “¡ Ah, a éste le doy menos luz porque

ha mentido!”, no, simplemente ilumina.

 

Ya es otra cosa si yo me escondo en un hueco bajo la tierra, eso vendrían a

ser las memorias o los programas negativos que vienen insertos en nuestros

genes y que son programas que podemos sacar de nuestro sistema y quedar

abiertos a recibir lo que se nos prodiga sin ningún requerimiento.

 

El amor es la llave maestra y en él están contenidos la gratitud y el perdón.

 

Recuerdo a mi instructora hawaiana, Wai ́a ́lea, ella comienza diciendo:

“gracias”, que es la primera palabra que sale de su boca y luego continúa con lo

que quiere decir.

Creo haber aprendido esto de ella. Nunca me canso de agradecer y con el

tiempo estoy aprendiendo ha agradecer por aquello que no me gusta también.

Esta semana tuve una experiencia negativa, me hice robar, si, -no te sorprendas-.

 

En Quechua, idioma de los antiguos habitantes del Perú, no existía

el término “me han robado” sino más bien “me hice robar” y eso coincide

perfectamente con el principio del Ho ́oponopono, en donde uno siempre

asume el ciento por ciento de responsabilidad.

 

Bueno como te decía, me hice robar ¿qué sucedió?, estacioné mi carro

en una zona conocida por ser poco segura y mientras esperaba

que mi hija deje un paquete, me distraje escribiendo en mi teléfono

y me olvidé de asegurar las puertas, pasó un hombre, que seguramente

estaba al acecho de algún descuidado, abrió la puerta lateral y se llevó la

cartera de mi hija que estaba, como en vitrina, en el asiento delantero.

 

Me asusté ¡SÍ!, pero también agradecí infinitamente que a pesar de eso tuve

un instante de comunicación con aquel hombre, no sentí rabia para nada y eso

me provocó gran tranquilidad y gratitud, por fin estoy viviendo en otro estado

de consciencia.

 

Todos jugamos roles , los mismos que son parte de un orden perfecto, a mí

me tocó aprender una lección y reafirmar lo que ya sabía, “me hice robar”, no

tomé las debidas precauciones dado que estaba en una zona “no segura”, por

otro lado aquel que se llevó algo que no le pertenecía, fue un actor más en ese

drama en particular.

 

Él estuvo equivocado: SÍ, si la policía lo detuviera tendría que recibir una

pena: SÍ, pero independiente a eso, sentir odio hacia aquel hombre, no tiene

ninguna razón de ser, la rabia sólo me hace daño a mí.

 

Estoy segura que cuando has leído mi relato, tú tampoco has sentido rabia,

simplemente te transmití mi sorpresa, pero no una rabia que no sentí.

 

Cuando escribimos, transmitimos la misma frecuencia que sentimos,

por eso es que cuando lo que leemos es una vivencia auténtica, nos llega a

mayor profundidad.

 

Muchas veces cuando en los talleres, tratamos la forma de asimilar estas

experiencias, hay algo de confusión, hay una sensación de que si practico

esta nueva forma de ser, uno se desconecta, se aparta, se transforma en un

relegado y no es así…

 

El amor es unión, es comunicación, es claridad, amar es integrarse, dice

“Kala”, el segundo principio Huna:

 

“La separación, sólo es una ilusión”

 

No necesito separarme para avanzar. En espiritualidad la flor de loto es un

símbolo muy conocido y la enseñanza que transmite esta flor, es que crece

en el lodo y sin embargo nunca se mancha.

 

Es lo mismo cuando comenzamos a vivir en el amor. El amor no juzga y no critica,

sólo se transforma a sí mismo, eso quiere decir que puedo estar integrada con

todo y con todos, por ejemplo, puedo encender el noticiero por la mañana y

escuchar las noticias. Los noticieros transmiten lo que no es natural; uno no

enciende el televisor y escucha:

 

”María hoy se levantó en paz”,

“Juan estuvo saludable el día de ayer”,

“Rosa pasó una tarde totalmente presente y compartió con su familia”,

 

No, no es eso lo que hace noticia, lo notorio es lo que no es natural.

 

La violencia, el dolor y el sufrimiento, si lo podemos ver y reconocer,

es porque lo tenemos aún en nuestra memoria, si no fuera así, ¿cómo lo

reconocemos?

 

¿Qué hacer? a cada noticia negativa respondo con un “Te amo, gracias”, eso

se llama limpiar, y ese simple hecho, la evocación del amor va limpiando poco

a poco, paso a paso.

 

Y así lo hago con todo aquello que considere negativo, en mi realidad, puedo

compartir mi tiempo con otras personas que no están interesadas en mi

proceso, puedo ser parte de uno o varios grupos y seguir con mi trabajo personal

sin tratar de convencer, u obligar a los demás a compartir mis creencias, eso

se llama respeto y esa es la verdadera espiritualidad.

 

Mi Maestro siempre decía:

 

“Haz de tu vida una rosa, que hable silenciosamente con el lenguaje de la

fragancia”.

 

La rosa no sale por allí diciendo en voz alta, “mírenme soy una rosa”, la rosa

simplemente es y su fragancia impregna el lugar donde se encuentra.

 

Utilicemos nuestra llave maestra, esa que nos da la práctica y el conocimiento

de la esencia del Ho ́oponopono.

 Que tengamos paz, más allá de todo entendimiento.

 Divino Creador, Padre, Madre, Hijo, los tres unidos como solo Uno. Te entrego todas mis memorias negativas para que Tú, las transmutes en Luz.

 Enséñame a utilizar bien, la llave maestra que abre las puertas del sendero del amor

 ¡Y así se ha hecho!

 Lo siento, por favor perdóname

 Te amo, Gracias

  Ana Maria


Aloha  Ke Akua



“Dios está dentro”, “Dios es Amor” “Dios Es YO SOY”
 


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